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Análisis

¡Venezuela a referéndum!

Diario Financiero 11 - 08 - 2004

En el marco de una nación altamente politizada y profundamente dividida, los venezolanos dirán el próximo domingo 15 de agosto “sí” o “no” a la revocatoria del mandato del Presidente Hugo Chávez para el actual período presidencial. Para tal efecto, el Concejo Nacional Electoral, entregó el número definitivo del registro electoral compuesto por 14.245.615 votantes habilitados para la consulta popular.
Luego de una intensa batalla política entre Chávez y sus opositores, se diseñó un calendario para resolver a través de las urnas un complejo cuadro que estaba llevando al país a un callejón sin salida. Todo esto con un impacto negativo en la economía por los continuos paros y huelgas que tuvieron su punto más álgido en el frustrado intento de golpe de estado que por horas separó a Chávez del poder.
El llamado de la Comunidad Internacional, la activa participación de la Organización de Estados Americanos –OEA-, el Centro Carter y la misma figura del ex presidente de los Estados Unidos, así como del Grupo de Países Amigos de Venezuela, lograron sentar a las partes a dialogar, quienes zanjaron por la vía de los mecanismos constitucionales sus diferencias.
Se ha recorrido ya un largo camino. Primero, la presentación y validación de las firmas que pidieron la convocatoria del referéndum revocatorio, una vez cumplido la mitad del período presidencial. Segundo, aprobada la convocatoria, el propio Presidente Chávez, reconoció que había el número suficiente de firmas para convocar la consulta y lo procedente era enfrentar el plebiscito.
Los venezolanos se aprestan a librar otra batalla democrática más, reflejada en la siguiente pregunta: ¿Está usted de acuerdo con dejar sin efecto el mandato popular otorgado mediante elecciones democráticas legítimas al ciudadano Hugo Rafael Chávez Frías como presidente de la República Bolivariana de Venezuela para el actual período presidencial? La primera opción de respuesta será “No” y la segunda “Sí”.
De ganar la respuesta afirmativa, el mandatario dejaría de serlo justo dos años y medio antes de la terminación de su período prevista para 2006. En caso contrario, el presidente podrá completar su mandato y sus adversarios deberán asumir este resultado. Los estrategas de los dos bandos han simplificado el mensaje para captar los votos de los indecisos que serán los que resolverán el futuro político de Venezuela. Las estimaciones indican que cada sector tiene a su favor 35% del universo de los votos, por la radicalización de la vida política y social. El otro 30%, son los llamados “ni-ni”, ni están con Chávez, ni están con la oposición.
Ellos tienen la llave para destrabar la contienda. Por eso, las consignas apuntan directamente a levantar el número de participantes y derrotar primero que todo a la abstención, y luego con una alta votación resolver si se queda o se va el Presidente Chávez.
Los escenarios para el día 15 de agosto son dos: primero que Chávez sea revocado y segundo que gane y se rechace la revocatoria de su mandato. Con este telón de fondo, hay elementos a tomar en consideración: Chávez tiene todavía algunas ventajas y no se le puede subestimar. Gobernar puede que no sea su fuerte, pero hacer campaña sí que lo es. El despliega dos recursos con eficacia: sus habilidades retóricas y las grandes ganancias del petróleo. Una de las principales fortalezas de Chávez es precisamente ser un excelente candidato. Y ahí ha vuelto a reverdecer laureles. El punto más favorable es que él se representa a sí mismo. Sale a responder por lo que ha hecho y lo que ha dejado de hacer.
La oposición se podrá beneficiar del pobre desempeño de Chávez y en la manera que ha radicalizado con su discurso la sociedad venezolana. Pero este sector no tiene un símbolo parecido a Chávez, ni un dirigente que haya logrado concentrar en su nombre el rechazo anti chavista. Es heterogénea, representa una colección de intereses separados, que se mantienen juntos en gran medida por rechazo a Chávez. Eso es lo único en común que tienen. Hay viejos y nuevos partidos, también grupos cívicos, laborales y de negocios. Su estratégica política ha sido débil y además han carecido de un liderazgo efectivo. La mayor preocupación es que el voto del referendo no vaya a ser precedido por la violencia y que los bandos no pierdan la firme convicción de aceptar los resultados para lo cual el rol de los observadores y garantes es importante.
Las dudas surgen por la probabilidad de un resultado estrecho. Si el margen de victoria, tanto para Chávez como para la oposición, es significativo, sería más difícil rechazar los resultados. En el escenario más optimista, el referendo será sólo un paso en el proceso de curación de las profundas heridas que tiene este país. La mitad de la población no basta para gobernar el país; ambas mitades deben tomar parte en diseñar una nueva manera de hacer política y deberán inventarse también una agenda social realista para este país que ha sufrido la más dramática caída de las últimas dos décadas.
Hay mucho en juego en la crisis política de Venezuela para América Latina, Estados Unidos y por supuesto para el país mismo. La mejor garantía es que el referéndum sea acatado y respetado por quienes pierdan, y la generosidad del vencedor de modo de no ahondar más las heridas que tienen fracturada a la sociedad venezolana. La votación debe ser un propósito de confianza y la constatación que los mecanismos democráticos son los que resuelven las divergencias al interior de una sociedad.

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