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Análisis

A PROPOSITO DE LA OEA

Publicado en El Diario Financiero el 18-04-2005.

El quíntuple empate registrado el pasado lunes en Washington entre el Canciller de México Luís Ernesto Derbez y el Ministro del Interior José Miguel Insulza, ha sacado a flote una polarización en el continente americano y particular la OEA de no servir para nada, a lo menos ha contribuido a un espeso debate que tiene varios componentes. Unos han identificado el resurgimiento de una añosa disputa ideológica: capitalismo versus comunismo. Otros centran su mirada en una pelea por zonas de influencias. Algunos colocan el acento en un paso del imperialismo que de debe detener en este Organismo multilateral, como si quisieran revivir la “guerra fría”. Algunos Gobiernos de la Región para provocar “un ajuste de cuentas pendientes”. No ha faltado quién quiera medir sus fuerzas contra la potencia de los Estados Unidos. Y claro sobre una lógica de esta naturaleza lo que ocurre es que el acomodo de las fuerzas fue más en la dirección de resolver cualquiera de los planteamientos arriba mencionados, y no en la trazado de fondo que es responder la pregunta: ¿qué tipo de Organización de Estados Americanos queremos para promocionar la democracia, el desarrollo social, la integración, la innovación, el crecimiento, los flujos de intercambio?
Si el acaloramiento causado por el empate en la votación ha tenido una utilidad, esta ha sido precisamente es que puede la OEA, ser el gran foro de América, como un todo. Y dejar de ser un “colgajo” insignificante, sin peso, ni gravitación política, por la decadencia y una lenta agonía. La OEA no ha estado presente en toda su magnitud en los múltiples conflictos, choques de intereses que hemos tenido los países miembros, precisamente por carecer de una musculatura que nos permita actuar con una diplomacia preactiva y preventiva. Para no llenarlos de ejemplos que ilustran lo anterior, cito el caso cuando se presentó el roce entre Colombia y Venezuela, y que decir de esa lejanía espantosa que se tomó respecto de Haití. En esta isla del Caribe, fue la ONU, la que desplazó el trabajo de la OEA.
Una de las principales dificultades que hemos tenido está en la creación de foros ad hoc que minaron el Organismo. El Grupo de Rió fue un certero golpe a la credibilidad de la OEA. Junto a ello, la ausencia de una sincronizada acción de promoción de la integración, le mermó oxigeno. Pudo ser la plataforma para lo que en su momento hizo la Comunidad Europea de hallar una instancia sobre la cual edificar la extraordinaria comunidad de naciones que hoy representan y que cada día se amplía más. En consecuencia, queremos explicar el resultado – del qíntuple empate- a la luz de los entuertos que nos azotan y los fantasmas que nos persiguen. En lugar de convertirla en la poderosa herramienta dinamizadora de una corriente de unidad a favor de todos y cada uno de los miembros y no en el teatro de operaciones de guerra de guerrillas que no responden a estos tiempos.
Son los propios gobiernos los que tienen que contribuir al fortalecimiento institucional de la OEA. No puede ser el brazo operador de uno de sus miembros, y menos la sala de agitación contra, efervescencia contra otro. La voluntad política para evitar ello es la que reclamamos.
El candidato de México nos merece nuestro respeto y consideración. Su aspiración es legítima. Y no representa quedar al servicio de los Estados Unidos. Como tampoco la candidatura de Chile revela la representación contra los Estados Unidos, y no somos los voceros de un gobernante que tienen su propia “pelea” con ellos. Tenemos entonces, la misma legitima aspiración de México. Debe ser el próximo 2 de mayo, una contienda electoral, desprendida de los elementos arriba mencionados y quién logre la mayoría encausar la OEA por la senda de una reformulación que la coloque a la altura de nuestros tiempos con sus desafíos y perspectivas. Lo demás es agregar demasiados condimentos a esta sopa. Resulta que ahora la OEA si es relevante. La tenemos en el radar. Las cosas de la política continental.

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