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Análisis

¿Presión a dos bandas?

Diario Financiero 26 - 04 - 2004

Bolivia y Argentina firmaron un acuerdo para la venta de cuatro millones de metros cúbicos de gas boliviano, durante seis meses. Uno se pregunta, ¿si es de uso diplomático en estos acuerdos restringir la venta a un tercero, en este caso Chile?. El presidente de Bolivia, Carlos Mesa, puede, y está en su legítimo derecho de vender gas natural, a bien tenga.
Este es el caso de Argentina, que requiere para su demanda interna, comprar el producto. Lo que no es diplomáticamente aceptable, ni concordante con el espíritu de integración y fortalecimiento de las relaciones internacionales, es la expresa y manifiesta prohibición que se dejó estampada, tanto en el Decreto Presidencial que autoriza la venta, como en la llamada “Declaración de Buenos Aires” que firmó con Néstor Kirchner, presidente argentino. El convenio especifica que en ningún caso Argentina podrá exportar el gas boliviano a Chile.
El acuerdo tiene dos elementos que están orientados a la política interna de Bolivia, en lugar de ser como corresponde una simple operación comercial entre dos países. Bolivia y Argentina la elevaron a la condición de política de Estado. Uno, porque impone los términos del acuerdo y otro porque Buenos Aires, aun así los acepta. Bolivia usa el gas como herramienta de presión y deja de lado lo más trascendente y lo que siempre ha dado resultado en toda la historia de las Relaciones Internacionales: el diálogo. Esencial para construir confianzas, sobre la que descansa la paz, la armonía, y el entendimiento de los pueblos.
Estampar frases de restricción y prohibición es colocar un peligroso precedente en las relaciones internacionales, porque obedece a preceptos dejados en el pasado. Hoy en nuestro tiempo, el crecimiento de las naciones, su desarrollo, está llevado de la mano del diálogo amplio, generoso, constructivo y proactivo. Las exclusiones son visiones que jamás han rentado o aportado. Mesa y Kirchner suponen equivocadamente que al cerrar la válvula del gas, dejaran satisfechas sus sociedades. Nunca se debe confundir el plano de la política exterior con la política interna. Su acuerdo sacará efímeros aplausos y bajos réditos. Sus problemas internos no fueron creados por Chile. La inestabilidad, la crisis social, es el producto de quienes han sido sus gobernantes y nosotros no tenemos nada que ver.
Tras firmar el convenio, el presidente Mesa podría haber puesto el acento en el hecho que más que cerrar un acuerdo comercial, Bolivia le está devolviendo un favor a Argentina, país que en los años 90 amplió la compra del energético a pesar de que no lo necesitaba, a modo de ejemplo. Le recuerdo al presidente Kirchner que cuando Argentina más necesitó de ayuda -cuando su economía hace tan sólo dos años, estaba estrangulada, cuando, nadie atendía el teléfono a los gobernantes de Argentina, por haber decretado el default más grande en la historia del mundo- el presidente de Chile, Ricardo Lagos, tomó el teléfono, llamó a George Bush, y le pidió que atendiera a Eduardo Duhalde, para evitar un desastre en nuestra hermana república. La Cancillería, decenas de nuestros dirigentes políticos, empresariales, viajaron de oficio a Washington y Buenos Aires y se ofrecieron de facilitadores para abrir los canales que se le cerraron. Y este frenético trabajo dio resultado favorable. Esto es integración, esto es fraternidad, esto es construir confianza, esto lo que corresponde entre naciones hermanas.
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