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Análisis

Chile: un "nuevo trato" para el desarrollo

Revista Desafío Noviembre - 2004

El nivel expectante que ha quedado nuestro país tras el tejido de la red de Tratados de Libre Comercio, que nos ha convertido en la quinta economía más abierta del mundo, nos impone un inmediato desafió, y es transformar esta condición en oportunidades ganadas, de manera de alcanzar el umbral de nación desarrollada, como el legado de la presente generación a nuestra juventud.
Lo que quiere decir que ya están las bases construidas para ese efecto, y que nos hace lo más esencial y que es precisamente el “nuevo contrato social” para hacer viable la ruta que nos permita alcanzar el objetivo de ser Chile un país, considerado desarrollado.
Con mucha atención hemos seguido la trayectoria de naciones como Finlandia, Irlanda y ahora Polonia, cuyo liderazgo atisbó con anticipación, los elementos que podrían ser la palanca de impulso para tener un lugar destacado en el nivel internacional. El más llamativo de todos, ha sido Irlanda, porque sus dirigentes fueron capaces en su momento –de esto hace 15 atrás -, de acordar tres ejes en el “nuevo contrato social” que se dieron, dejando de lado una pavorosa guerra religiosa. Pensaron que la reformulación de le educación era el primer nivel a resolver. Y sin latas discusiones transformaron su sistema educativo y lo orientaron a las llamadas carreras del futuro, facilitando el acceso a profesiones, oficios y actividades que hoy son el soporte de su extraordinario crecimiento, en campos tan competitivos como las Tecnologías de la Información. En un segundo nivel, crearon las condiciones de flexibilidad en el mercado laboral, de modo de insertar en ese “nuevo trato” el capital humano, y ponerlo a disposición de lo que estimaron iría a ser un exigente mercado, y lo cumplieron. Y luego en el tercer nivel, desde el Estado, entregaron las facilidades para que las Empresas, llegaran con sus proyectos de innovación y desarrollo, y este fue el punto certero, que atrajo inversiones a la isla. Baste decir que las exportaciones irlandesas se remontan por sobre los US$ 120.000 millones de dólares. Un 20% corresponde a la fabricación de software. Cuenta con un pér cápita de US$ 18.710.
La conjugación de las tres variables arriba mencionadas, fue ciertamente posible, porque tuvieron un punto de partida, hacia un objetivo definido. Juntaron fuerzas, dejaron de lado lo que los separaba –nada menos que las profundas divisiones en el campo religioso -, y jugaron a pleno las cartas de la visión del futuro, convirtiéndola no en un enunciado al vació, sino en un potente discurso con contenido, y compromiso que tiene a Irlanda, en el selecto grupo de las naciones desarrolladas. Alguien podrá decir que su tamaño y número de habitantes han sido factores claves del éxito. Estaría de acuerdo en esa apreciación. Y agregaría que en otro caso, el de Finlandia, la política educativa fue asumida realmente como política de Estado, llegando a cada uno de los habitantes del país, y esa fuera de ser su gran apuesta, es su ventaja comparativa hoy.
En la década de los 80 Finlandia incentivó su industria maderera - eje de la economía- y promovió la industrialización, beneficiándose de un activo comercio exterior. Es en esta década donde jugó una estrategia fundamental: incorporar la creciente tecnología de la información como un activo, y le resultó todo un éxito. Así, en octubre de 2001, Finlandia ocupó el primer lugar en la escala de competitividad elaborada por el Foro Económico Mundial, y desde entonces su marca país está registrada en la capacidad de innovar de su industria tecnológica y el gran salto cualitativo que esto le permitió consolidar.
No cito más casos, de probados “contratos sociales” exitosos que se han materializado en un beneficio enorme que ha sacado naciones del segundo orden y las ha llevado al desarrollo. Chile, está precisamente en la línea de profundizar un “nuevo trato”, donde confluyan el Estado, la clase dirigente –políticos, empresarios, sindicatos, la Academia, Gremios -, y reparemos que estamos frente a una oportunidad histórica, que se nos puede ir de las manos, si no concitamos el esfuerzo nacional para diseñar entre todos las condiciones que nos llevaran a ser considerado un país desarrollado.
Lo que supone, abrir un debate, despolitizado –esto es sin cargas ideológicas ni partidistas -, y con un solo interés de por medio: el de Chile, y llegar a tres puntos básicos de acuerdo para apalancarnos en la ruta a combatir el desempleo, las desigualdades sociales que hoy tenemos, y salir de cierto conformismo que nos estamos auto inyectando. Sugiero que nuestro debate vaya por los siguientes puntos: una real y verdadera modernización del Estado. Incorporar la lógica que debemos darle valor agregado a nuestras exportaciones, y un radical cambio de la actual estructura educativa que nos sirve para enfrentar los desafíos de la alta competitividad que nos platean otras naciones, léase – China, India, Pakistán -, que desde el liderazgo introdujeron las bases fundacionales de un cambio profundo.
India, con su modelo “la India Iluminada”, será un formidable competidor en muchos campos. Sus líderes están pensando, en el futuro, y no en lo que ocurrió durante la Independencia del Imperio Británico.
Chile, no puede dejar pasar la ocasión, porque estaríamos frente al inédito caso de oportunidades perdidas y no ganadas que imagino es lo que debemos entregar a las futuras generaciones. Ello será posible, en la justa medida que comprendamos que la gran política, es beneficiosa con ella está orientada a la inclusión y no a la exclusión, cuando los actores, que deben guiarnos nos apuntan el objetivo. Un país sin objetivos, en estos tiempos no tiene viabilidad en el duro campo de la competencia global. Chile, está frente a su gran hora: dar el salto que nos sitúe como nación desarrollada, y estos se traducirá en menos pobreza, menos problemas sociales, y nos inspira el hecho de ser la nación que en América Latina, tiene los elementos que facilitan la acción del “nuevo trato”: estabilidad económica; estabilidad política y estabilidad social.
Cada día que pase, y no nos proyectemos en la dirección de alcanzar el objetivo, iremos perdiendo las ventajas comparativas que hoy tenemos. Por eso se hace necesario y conveniente tener un “nuevo trato” donde nuestros líderes nos marquen y hagan viable las condiciones del salto que esperan las futuras generaciones, seamos capaces de dar.
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