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Análisis

La inestabilidad en América Latina

Artículo escrito en el Diario Financiero Lunes 25-04-2005
El año de 1992 marcará el hito donde podremos identificar un punto de referencia sobre el inicio del declive de los partidos políticos tradicionales, y la irrupción de los llamados movimientos sociales políticos, los caudillismos, el populismo, la fragmentación de la política. La fecha coincide con el término de la guerra fría y el orden mundial que surgió de la II Guerra Mundial: la lucha ideológica.

Ante la ausencia de la división en torno de las ideas, y la movilización de las masas en dos grandes bloques, los partidos políticos en la Región, sufrieron el grave impacto de haber perdido la esencia de su identidad, y sobre una rendija Alberto Fujimori pasó de Profesor universitario, y consultor de organismos internacionales, a Presidente del Perú, derrotando a Mario vargas Llosa. Lo poco estudiado en nuestra historia fueron las condiciones que hicieron viable que alguien lejano del establecimiento partidista, ajeno a los salones tradicionales del poder, sin haber ocupado un cargo de representación popular, sobre un tractor hiciera una rápida campaña que atrajo votantes, hasta causar la sorpresa de derrotar a Vargas Llosa. Como ha pasado el tiempo, y por tener una abrupta salida del poder –una huída realmente- no reparamos, que desde su llegada al poder, se van a suceder como en efecto ocurrió ascensos de líderes que con simples ideas/fuerzas alcanzaron las palancas del poder.

Brasil, siguió la ruta de Fujimori, para que un joven carismático empresario de los medios de comunicación, hiciera sonar por los aires de esa nación la frase de “luchar contra la corrupción” para que se transformara en una saeta que lo catapultó a Planalto el Palacio Presidencial de Brasilia. A los pocos meses, desavenencias entre su tesorero y un hermano suyo, dejaron abierta una caja de Pandora, de manejo de dineros por sobre los 100 millones de dólares recaudados principalmente por generosos aportes para contener a Lula, que fueron a parar a las cuentas personales, apareciendo una trama de trafico de influencias, celos, que obligó al Congreso llevar a cabo un juicio político que derribó por corrupción a Collor de Melo, el año 1992.

Luego el turno sería para Carlos Andrés Pérez, que no resistió de pasar a la historia como el primer presidente de Venezuela que fuera reelegido. Aplastó a la directiva de Acción Democrática, para imponer su nombre, limitando la circulación de las elites que se habían preparado para gobernar. Este fue el suicidio político de Pérez. El líder que nacionalizó toda la industria petrolera y concedió amplios subsidios en su primera presidencia, se vio obligado por el FMI, a aplicar un severo plan de reestructuración, que hizo que las manifestaciones populares salieran a las calles en el “carachazo”. Vino el intento de golpe de estado por Hugo Chávez y la telenovela concluyó con un juicio político, destituido del poder y acusado de malversación de fondos reservados.

En Ecuador, la volatilidad política se exacerba con la llegada del excéntrico líder populista Abdalá Bucaram. Bastaron ocho meses el año 1997 para que el Congreso lo declarara inhabilitado mentalmente y lo sacara del poder. Fabián Alarcón el entonces Presidente del Congreso concluyó el periodo presidencial. La cadena seguiría con Yamid Mahuad tres años después en una revuelta popular liderada por Lucio Gutiérrez y dirigentes indígenas, que crean una efímera Junta Cívico Militar, que obliga a los partidos políticos a aceptar el encumbramiento de Gustavo Noboa, el vicepresidente para asumir el poder.

Perú no se quedaría atrás y tras los vladivideos tiene que huir al Japón Alberto Fujimori, cuando intentó gobernar un tercer periodo presidencial. Aún la estela de una profunda corrupción lo tiene alojado en el lejano oriente.

Fernando de la Rúa aportaría lo suyo. Un Presidente sin determinación. Sin tomar decisiones, fue absorbido por el inmovilismo hasta que las fuerzas policiales reprimieron una manifestación dejando un numero de muertos, que lo obligó a renunciar, al perder todo el piso político de una alianza que se trizó en las manos. En Bolivia Gonzalo Sánchez tras 14 meses renuncia, por una violenta manifestación contra su segundo gobierno. Y el último episodio lo vivió Lucio Gutiérrez destituido por el mismo Congreso que le ayudó a quebrantar la Constitución.
Estos hechos, nos muestran una debilidad de los partidos tradicionales que han perdido la sintonía fina con los electores y en su reemplazo han asumido caudillismo de corta duración que construyen movimientos sociales, y con la misma dinámica en que suben , se les evapora el apoyo y caen dramáticamente. La sobre oferta de propuestas, con promesas que no pueden cumplir una vez en el poder ha sido su talón de Aquiles. Por esas razones, vivimos una inestabilidad institucional, un desorden en la concepción de la democracia. Frente a esto, la diplomacia preventiva que tanto se anuncia en documentos en las Cumbres del grupo de Rió o en otros foros, solo es papel que se acumula en los anaqueles de las distintas cancillerías. La realidad es que no hemos madurado porque los partidos políticos tradicionales dejaron la pista libre para aparecieran estos “fenómenos circunstanciales” que arropados en caudillismos y populismos han sembrado una profunda desconfianza en la sociedad de la región. En tanto, la pobreza, la miseria, crece en América latina, hay liderazgos que solo han pensado en el corto plazo.
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