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Análisis

La matanza de Faluya

Diario Financiero, 05 - 04 - 2004

El ritual bárbaro perpetrado en Faluya con los cadáveres de los cuatro civiles estadounidenses, asesinados a su paso por esta ciudad cercana a Bagdad, no sólo pone a prueba el ilusorio análisis estadounidense sobre lo que está ocurriendo en Irak, sino que puede acarrear cambios significativos en el desarrollo de la ocupación del país árabe y en su mismo desenlace.
El macabro espectáculo colectivo de Faluya evoca el escarnio que precipitó hace 11 años el abandono de Somalia por las tropas de Estados Unidos. Tanto Bremer como el mando militar sobre el terreno se han apresurado a afirmar que lo ocurrido no hará cambiar la política de Washington. En cualquier caso, ni el plenipotenciario civil ni los generales están en condiciones de calibrar el impacto en Estados Unidos de la orgía de odio de Faluya. Algunas grandes cadenas de televisión han ocultado las imágenes más atroces, pero otras, entre las que se cuentan CBS y ABC, han mostrado abiertamente escenas indigeribles. Lo mismo ha ocurrido en los grandes rotativos, lo que sumado a la ubicuidad de Internet permite asegurar que casi todos han tenido la oportunidad de ser testigos de este horror. Los restos carbonizados de cuatro norteamericanos es un signo elocuente sobre la naturaleza de la resistencia que Washington afronta. Y una muestra de lo poco que ha cambiado la situación en algunos lugares de Irak un año después de la caída de Bagdad. Los mismos argumentos que hacen increíble la idea de que semejante festín de barbarie pueda acontecer sin consignas políticas precisas, descartan la tesis del mando estadounidense según la cual su principal enemigo son terroristas islámicos llegados de otros países. Y arrojan una duda más que razonable sobre la afirmación de que la captura de Sadam ha permitido romper las redes de sus leales.
El impacto de Faluya en los planes de Washington sobre Irak y en la propia campaña presidencial emergerá pronto. Bush ha conseguido hasta ahora, según los sondeos, marcar una clara ventaja respecto a su oponente Kerry, incluso después del poco complaciente testimonio de Richard Clarke ante la comisión parlamentaria que investiga los acontecimientos del 11 de septiembre. Salvo improbables revelaciones espectaculares, Bush tiene mucho menos que temer del 11-S que de los descuartizamientos del miércoles pasado.

Argentina
En otro ámbito, los argentinos se volcaron a las calles, para manifestar su malestar por el avance de la delincuencia y el crecimiento del crimen organizado, las bandas de secuestradores que arrebatan vidas, con una frialdad aterradora. Ese pánico colectivo, silencioso, que se vive a cada hora en cada casa, se fue incubando durante años a la sombra de los crímenes impunes. La sociedad ha lanzado un potente llamado de atención al Estado, a su gobierno, a los poderes de la Nación, para que aborden definitivamente la ola delictiva que los atemoriza. Desde el pasado jueves, las autoridades no pueden mirar para el lado, o para arriba, se espera que luego de esas marchas con dolor, emerja una respuesta que facilite combatir eficiente y eficazmente el crecimiento exponencial de la inseguridad ciudadana.

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